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7 de agosto de 2026

Extrajeron minerales durante un siglo, cerraron las minas y la naturaleza se adueñó de la isla hasta convertirla en destino global

Los espacios compartidos entre trabajadores asiáticos y europeos forjaron una comunidad multicultural que sobrevivió al cierre minero. El parque nacional y la migración anual de cangrejos rojos la convirtieron en un enclave de turismo sustentable

Un pequeño asentamiento en el océano Índico lleva el nombre del buque de guerra británico que descubrió su bahía en 1886: Flying Fish Cove es la única ciudad y capital de la Isla de Navidad, un territorio externo de Australia que se eleva en medio del océano a unos 2.600 kilómetros al noroeste de Perth y a apenas 360 kilómetros al sur de la isla indonesia de Java.

Con alrededor de 1.600 habitantes, este enclave concentra la administración local, el puerto y la mayor parte de la actividad económica de un territorio cuya historia está marcada por los yacimientos de fosfato y por una biodiversidad sin parangón en el planeta.

El origen del nombre de Flying Fish Cove se remonta a enero de 1886, cuando el capitán John Maclear, al mando de la embarcación de reconocimiento de la Armada Real Británica HMS Flying Fish, descubrió el único fondeadero natural seguro de la isla y lo bautizó con el nombre de su nave. Según registra el sitio oficial del Christmas Island National Park, el hallazgo de la ensenada fue el primer paso para la posterior colonización del territorio.

Dos años más tarde, en 1888, Gran Bretaña anexó formalmente la isla tras confirmar la abundancia de sus depósitos de fosfato. La misma fuente detalla que la Corona Británica cedió la explotación al naturalista John Murray y a George Clunies-Ross, propietario de las Islas Cocos, quienes fundaron la Christmas Island Phosphate Company (CIPC). El primer gran embarque de fosfato partió desde el puerto de Flying Fish Cove en 1900. La bahía, tal como consigna el portal de viajes Guide to Christmas Island, es todavía hoy el único punto de entrada marítima al territorio.

Muchos mapas oficiales siguen designando el asentamiento simplemente como "The Settlement" ?"El Poblado"?, un nombre que refleja la escala y el carácter funcional de la ciudad. Su trazado urbano, con barrios históricos como Poon Saan y Drumsite, reproduce el estilo colonial británico del sudeste asiático y conserva algunas de las estructuras más antiguas de la isla, entre ellas casas chinas en hilera que datan de los primeros años del siglo XX, de acuerdo con lo detallado por The Guardian.

El modelo de explotación minera transformó la composición social de Flying Fish Cove de forma permanente. Para extraer el fosfato de los yacimientos, la administración británica reclutó trabajadores de China, Malasia y Singapur, quienes llegaron en condiciones de trabajo forzado y sentaron las bases de la comunidad multiétnica que caracteriza a la isla hasta el presente, según indica el Christmas Island National Park.

Parks Australia señala que estos migrantes formaron el núcleo de una sociedad diversa en la que convivían trabajadores asiáticos y personal europeo. Las calles del barrio de servicios de Flying Fish Cove funcionaron durante décadas como el principal espacio de encuentro entre ambos grupos, articulados en torno a comercios, instalaciones sanitarias y espacios recreativos comunes. En 1958, Gran Bretaña transfirió la soberanía de la isla a Australia, que le otorgó el estatus de territorio externo.

La minería dominó la economía del enclave durante más de un siglo, con una interrupción entre 1987 y 1991, cuando el gobierno australiano cerró temporalmente las operaciones por razones de rentabilidad. Hoy, el fosfato convive con el turismo como motor económico de la isla, aunque la producción se mantiene bajo estrictas restricciones ambientales.

Cada año, entre octubre y diciembre, Flying Fish Cove se convierte en el epicentro de uno de los espectáculos naturales más singulares del planeta. Más de 100 millones de cangrejos rojos (Gecarcoidea natalis) abandonan sus madrigueras en los bosques del interior y marchan en masa hacia el océano para reproducirse, cubriendo calles, acantilados y playas con una alfombra escarlata que puede alcanzar varios kilómetros de extensión.

De acuerdo con Popular Science, Brendan Tiernan, coordinador del programa de campo del Christmas Island National Park, describió el fenómeno como "un evento espectacular que pocas personas llegan a presenciar". La migración obedece a dos variables: las primeras lluvias de la temporada húmeda y las fases de la luna. Los cangrejos siempre desovan antes del amanecer, durante la marea descendente del último cuarto lunar. "Algunos años avanzan despacio y zigzaguean; otros años tienen un margen muy ajustado y es una estampida hacia el océano", explicó Tiernan en declaraciones recogidas por Popular Science.

La población de cangrejos rojos, que llegó a desplomarse en dos tercios entre comienzos de los años 2000 y mediados de la década siguiente por la invasión de la hormiga amarilla loca (Anoplolepis gracilipes), se ha recuperado gracias a un programa de gestión activa. La misma fuente estima que para 2025 la cifra podría alcanzar los 180 millones de ejemplares.

El Christmas Island National Park, que abarca alrededor del 63% de la superficie total de la isla, habilita cada año cierres de carreteras y construye puentes para los cangrejos sobre las principales vías, con el fin de garantizar el paso de la migración. Las playas de Drumsite, Ethel Beach y el propio litoral de Flying Fish Cove son los puntos desde donde los visitantes pueden observar el desove de forma más accesible, según indicó Parks Australia.

Para quienes buscan el destino, la conexión aérea más directa parte desde Perth con una duración de cuatro horas de vuelo. El aeropuerto de la Isla de Navidad se ubica a 5 kilómetros del centro de Flying Fish Cove, con servicio de taxis y traslados disponibles a la llegada, de acuerdo con el sitio oficial de turismo de Australia.

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