POLICIALES
1 de julio de 2026
El salto equivocado: la frenética huida por los techos de Rivadavia que terminó adentro del RIM 22
Esequiel Valerio Olmos intentó violentar un auto en Villa Chacabuco, fue descubierto y escapó por los tejados de cuatro casas. En su desesperación por eludir a la Policía, saltó un alto paredón sin saber que caía directo en una zona restringida del regimiento militar. Terminó reducido por un centinela armado y ya fue condenado.
La mañana del pasado 26 de junio comenzó fría, pero para los vecinos de Villa Chacabuco, en el departamento de Rivadavia, la tranquilidad se rompió por completo antes de las 8. Lo que comenzó como un intento de robo común y corriente se transformó, en cuestión de minutos, en una persecución de película con un desenlace tan insólito como fulminante. El escenario: los techos del barrio; el destino final: el interior de una unidad del Ejército Argentino.
El reloj marcaba exactamente las 7:50 cuando el propietario de una vivienda de la zona escuchó ruidos extraños que provenían del fondo de su terreno. Al salir a revisar, se topó de frente con la delincuencia: un hombre, identificado luego como Esequiel Valerio Olmos, estaba agachado junto a la puerta del conductor de un Renault 12 blanco, propiedad de su hermano.
Lejos de rendirse o congelarse al ser descubierto, Olmos reaccionó con la velocidad de un acróbata desesperado. Utilizó la reja de una ventana trasera como escalera, trepó con agilidad y ganó el techo de la propiedad. Así comenzó una huida frenética que lo llevaría a saltar, uno a uno, a los tejados de tres viviendas colindantes en dirección al norte.
Sin embargo, el raid delictivo del prófugo empezó a dejar pistas ruidosas. En medio de las corridas sobre las chapas y las tejas, Olmos se llevó por delante y cortó el cable de un boyero eléctrico de seguridad. La rotura disparó las alarmas perimetrales del vecindario, un estruendo que terminó de alertar a los habitantes de la cuadra. Mientras Olmos saltaba de techo en techo, abajo, los teléfonos ya comunicaban en masa con el 911. La red de patrulleros de la Policía de San Juan comenzó a cerrarse rápidamente sobre las calles aledañas.
Desesperado, desorientado por la altura y consciente de que las sirenas policiales ya rodeaban la manzana, el delincuente divisó un imponente muro de hormigón. Pensó que ese último esfuerzo le devolvería la libertad y la calle. Trepó la estructura y saltó al vacío hacia el otro lado. Fue su peor error de cálculo.
Del otro lado del paredón no había un descampado, ni una calle solitaria, ni un escondite. Olmos había aterrizado en el corazón del Regimiento de Infantería de Montaña N° 22 (RIM 22), una instalación militar fuertemente custodiada ubicada entre las calles Soldado Argentino y Sargento Baigorria.
El intruso apenas pudo dar unos pasos de desconcierto cuando fue divisado por el soldado de guardia, de apellido Fernández. El centinela, que realizaba su ronda de rutina armado, le dio la voz de alto al ver a un civil deambulando en una zona estrictamente restringida. Ante la falta de respuestas y la sospecha evidente, el militar redujo a Olmos en el acto. A las 8:23 de la mañana —apenas 33 minutos después de haber sido descubierto en el Renault 12— las autoridades del regimiento entregaron al frustrado fugitivo a los efectivos policiales que ingresaron al predio.
La aventura le costó caro. La causa quedó en manos de la Unidad Fiscal de Investigación (UFI), liderada por el fiscal Francisco Micheltorena y la ayudante fiscal Liliam Mari. Con las alarmas dañadas, los testimonios de los vecinos y la insólita captura en el cuartel, la defensa de Olmos no tuvo más opción que firmar un juicio abreviado por el delito de violación de domicilio reiterada en concurso real.
El golpe de gracia llegó al revisarse sus antecedentes: Olmos ya cargaba con una sentencia previa. La Justicia sanjuanina declaró su reincidencia y unificó las penas en un castigo único de 6 años y 7 meses de prisión efectiva, ordenando su traslado inmediato al Servicio Penitenciario Provincial. Tras una huida tan veloz como accidentada, el único techo que Olmos volverá a ver de cerca por los próximos años será el de una celda en el penal de Chimbas.
