NACIONALES
21 de junio de 2026
Murió en pleno acto sexual el creador del imponente monumento a San La Muerte en Santiago del Estero
Daniel Oscar Quinteros, de 58 años, sufrió un paro cardíaco fulminante en una vivienda de La Banda mientras mantenía relaciones sexuales. Era el impulsor del famoso "Campito de la Sanación", un predio rodeado de fe popular, millones en ofrendas y un oscuro trasfondo judicial.
Una profunda conmoción sacudió a la comunidad de la provincia de Santiago del Estero tras confirmarse el repentino fallecimiento de Daniel Oscar Quinteros, de 58 años de edad. El hombre, reconocido a nivel nacional por ser el principal referente y protector del culto a San La Muerte en la región, perdió la vida a raíz de una descompensación cardíaca fulminante en el interior de una vivienda del barrio 25 de Mayo, en la ciudad de La Banda, mientras mantenía relaciones sexuales.

La noticia escaló rápidamente en los portales debido al fuerte misticismo que rodeaba su vida cotidiana. Quinteros fue el creador y máximo impulsor del colosal monumento a San La Muerte de 13 metros de altura, erigido a la vera de la Ruta 1 en la localidad de La Bajada. El enorme predio, bautizado por él mismo como el "Campito de la Sanación", se transformó en tiempo récord en un punto neurálgico de la fe popular, atrayendo a diario a cientos de fieles y promesantes de todo el país.
Lejos de ocultarse por los prejuicios sociales que a veces rodean a esta figura, el propio Quinteros se definía públicamente y con total orgullo como un "hijo de Dios y creyente del amor de Jesucristo, el Gauchito Gil y San La Muerte". Según su propio relato, su inquebrantable devoción por el santo de la guadaña nació hace casi cuatro décadas, motivada por un desesperado pedido de salud a favor de un sobrino que se encontraba gravemente enfermo y al borde de la muerte.
Fiel a su promesa de levantarle un altar si el niño lograba recuperarse, Quinteros construyó con los años la gigantesca estructura de cemento. Ante las críticas, el devoto siempre se encargaba de aclarar que en sus dominios "no se derramaba sangre ni se sacrificaban animales", consolidando el lugar como un espacio de oración y agradecimiento por favores concedidos.
Sin embargo, el vertiginoso crecimiento del santuario convivía de manera paralela con un espeso expediente en la Justicia provincial. Al momento de su deceso, Quinteros era investigado por su presunta participación en violentos conflictos de tierras y supuestas usurpaciones en el interior santiagueño.
Las fojas de la investigación penal lo vinculaban a oscuros episodios de amedrentamiento con armas de fuego. Incluso, el hombre había estado detenido tiempo atrás en el marco de una megacausa por un presunto copamiento armado en la estancia "Tierra Brava", donde un grupo violento irrumpió reduciendo a los trabajadores de la zona. Asimismo, en el último tiempo circuló documentación que ponía en duda la titularidad real del mismísimo predio donde hoy descansa la colosal estructura de cemento.
Hasta sus últimos días, Quinteros mantuvo una contundente defensa, negó categóricamente los hechos ante los medios y aseguró que el campo estaba legalmente inscripto a su nombre. Con su repentina e impactante muerte en plena intimidad, se cierra una compleja disputa judicial, pero se abre definitivamente el mito popular en torno a uno de los personajes más enigmáticos del norte argentino.
