CULTURA
17 de agosto de 2026
Los libros del Libertador: la fascinante historia de la biblioteca que San Martín cruzó a lomo de mula
El Prócer llevó más de 700 volúmenes en el Cruce de los Andes y donó su colección para fundar las bibliotecas nacionales de la región. El valor de las letras en su gesta libertadora.
La faceta militar de José de San Martín es ampliamente conocida, pero su profunda pasión por la lectura fue un pilar fundamental en su estrategia para emancipar a América. Desde sus inicios militares en España a los 11 años, el Libertador consolidó una biblioteca personal de más de 267 obras y 700 volúmenes, donde convivían manuales de estrategia con textos de la Ilustración, Plutarco y El Quijote.
Uno de los capítulos más impactantes de esta devoción ocurrió en 1817 durante el Cruce de los Andes. En medio de la logística militar, San Martín ordenó embalar su biblioteca en 13 cajones de madera. Las arcas cruzaron la cordillera a lomo de mula bajo el mismo cuidado extremo que se le otorgaba a las municiones y la pólvora.
El legado cultural en Mendoza, Chile y Perú
Para San Martín, la formación de ciudadanos instruidos era tan prioritaria como la de los soldados. Su compromiso con la educación se materializó en hitos concretos a lo largo de la campaña:
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Mendoza (1818): Donó parte de sus libros para dar origen a la Biblioteca Pública General San Martín.
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Chile: Rechazó un premio de 10.000 pesos de la época y destinó el dinero a la creación de la Biblioteca Nacional de Chile.
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Perú (1821): Como Protector, decretó la fundación de la Biblioteca Nacional en Lima y donó la totalidad de su colección privada, sumándola a los textos confiscados a la Compañía de Jesús para abrir la institución con más de 11.000 volúmenes.
Dos colecciones y un viaje transatlántico
A diferencia de la creencia popular de un único viaje, existieron dos bibliotecas del Prócer. La primera fue entregada a las instituciones de Cuyo, Santiago y Lima antes de su exilio en 1824.
Durante sus 26 años de ostracismo en Francia, volvió a conformar una segunda biblioteca en Boulogne-sur-Mer. Tras su fallecimiento en 1850, este segundo acervo fue preservado por su familia y posteriormente donado a la Argentina, descansando hoy en el Museo Mitre y la Biblioteca Nacional en Buenos Aires.